Havoc se acerca
ABR 11

-Hasta luego, cielo. Te quiero mucho.

Nada podía hacerle pensar que éstas serían sus últimas palabras. A sus 23 años aún tenía toda la vida por delante: estaba terminando sus estudios, hacía poco que se había prometido con su novia, que lucía con orgullo y evidentes muestras de felicidad el anillo que simbolizaba su amor y la seriedad de la petición.

Acababa de despedirse de ella. Habían pasado la tarde juntos hablando, riendo y, en definitiva, divirtiéndose. Tras una sencilla cena en un restaurante de comida rápida, la había acompañado a casa.

Tras la agridulce despedida él estaba como hechizado, imbuido de una energía mística que ligaba su alma al espejo de la mirada de ella. Sus dos ojos, verdes como esmeraldas, remataban a la perfección su cara de ángel. Una nariz pequeñita y unos labios carnosos que invitaban al beso conformaban el resto de su rostro. Y esas mejillas que tenía le daban un aspecto encantador. Como decía, el embrujo le impedía apartar la mirada de ella, que continuaba despidiéndose de él mediante gestos desde el otro lado de la puerta del edificio. Él retrocedía contra su voluntad, dando pequeños pasos de espaldas, ajeno a lo que pudiera haber detrás. Craso error.

Desde donde ella se encontraba no puedo verlo venir, pues de lo contrario le hubiera avisado. Él se giró de pronto, concentrado en olvidarla por un momento para poder emprender el camino de regreso a casa. Ajeno a todo lo que le rodeaba, empezó a cruzar la calle sin mirar. Entonces, un enorme monstruo rojo se abalanzó sobre él, con una piel dura y fría como el metal, sus fauces abiertas de par en par cual terrible ventana a una oscuridad sin fin y un par de enormes ojos redondos, que le miraban impasibles, bañándole en la tenebrosa luz que emanaban, justo antes de arrollarle, acabando con su vida. Fue el autobús de la línea 8 lo que le golpeó a gran velocidad. Se elevó unos metros en el aire nocturno de Madrid para caer sobre el parabrisas de un coche que iba en dirección opuesta a la del autobús. Cuando el cuerpo sin vida cayó pesadamente sobre el duro asfalto, su alma ya había comenzado su viaje, y él no se había enterado de nada, debido a la rapidez con que sucedió todo.

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2 comentarios (¡¡Pero quiero más!!)

  1. El Defensor de la Fruta Dice:

    Oye, no sabía yo que escribieras tan bien. Me has sorprendido agradablemente. En el texto no armoniza muy bien lo de “mofletes”, sustituyelo por “mejillas” y para no redundar con “la puerta del portal” utiliza “la puerta del edificio” o algo parecido. ¡Buen destino!

  2. Makken Skeyes Dice:

    Gracias por el comentario y los consejos :) Me dan ánimos para seguir… un día de estos, que últimamente no tengo mucho tiempo, jeje. Ya está actualizada esta “página” con los cambios que has sugerido.

    Como dirían los americanos: “Stay tunned” ;P

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