Hace mucho mucho tiempo en una galaxia muy lejana… Bueno, no fue hace tanto tiempo y fue en nuestro propio país, que un inculto tecnológico dijo algo así como: “Está claro que cuando alguien se descarga un disco, es un ejemplar que deja de venderse“. Este señor (no recuerdo quién era y no quiero buscarlo para no hacerle publicidad, pero era de la $GA€, eso seguro) que tanto sabe, hizo esta afirmación y se quedó tan ancho. Yo hoy quiero demostrar que no siempre es así. De hecho, en muchos casos no es así.
Hace algún tiempo os di la tabarra anunciando las fechas de salida de algunos discos de varios de mis grupos favoritos de heavy. Colgué por aquí las fechas, las portadas de los discos y la lista de canciones que iban a incluir cada uno de ellos. Como son grupos que me gustan mucho y ahora tengo dinero suficiente como para permitírmelo, el mismo día que cada uno de ellos se puso a la venta yo me metí en internet y compré ediciones limitadas. No obstante, este proceso lleva algún tiempo:
- Hago el pedido
- En la tienda reciben mi pedido
- Comprueban que hay existencias
- Cuando hay existencias, se ponen en contacto conmigo para informarme de tan feliz acontecimiento
- La tienda se pone en contacto con la empresa que se va a encargar del transporte. Esto en ocasiones lleva varios días, dependiendo de la hora a la que hayan recibido mi pedido. Suponiendo que lo hayan recibido un viernes, seguramente hasta el lunes la empresa de transportes no sepa de la existencia del mismo
- Un transportista coge mi disco desde el punto A (almacén de la tienda donde lo he comprado) hasta el punto B (central de la empresa de transportes)
- El paquete sale desde el punto B hasta el Z (mi casa). Los puntos desde el C hasta el Y son posibles “trasbordos” que mi pobre paquete tiene que hacer hasta llegar a mi dulce hogar.
- En una ocasión hice un pedido que salió de un almacén en Francia. Fue recogido por una empresa de transportes francesa que lo llevó a Barcelona, y de ahí me lo trajeron a mi casa
- En otra ocasión, hice un pedido a Finlandia (el disco Unia de Sonata Arctica). Vete tú a saber por cuántos puntos intermedios tuvo que pasar el pobre paquete hasta que llegó, sano y salvo, a mi casita
Lo que quiero decir es que el proceso puede tardar entre 24 horas (eso dicen, pero ni de coña) hasta más de una semana (caso de mi pedido a Finlandia). Es tiempo que no puedo disfrutar de mi disco, a pesar de haberlo pagado ya. ¿Mi solución? Me lo bajo. En el eMule estaban los 3 discos el mismo día de su puesta a la venta. Se bajaron en unas pocas horas y pude comenzar a disfrutar con las melodiosas voces, los potentes solos de guitarra, y, en definitiva, con las obras de arte compuestas por mis grupos favoritos. Poco después de haber descargado sus discos, cargué las canciones en mi reproductor mp3 para poder disfrutar de su música también durante los tediosos viajes de camino al trabajo y de vuelta del curro. Además, esto me ahorra el “trabajo” de, una vez recibido el álbum, tener que extraer las canciones para poder meterlas en mi mp3. Es más, en el caso del disco de Sonata Arctica, estoy pudiendo disfrutar de canciones que sólo están disponibles en la edición japonesa, temas a los que sólo podría acceder comprando el disco de importación, con el incremento de precio que supondría.
Hasta hace poco, cuando no gozaba de un sueldo como el que ahora tengo, no podía hacer estos gastos, y menos “a ciegas”, sin haber escuchado el disco con antelación. Me arriesgaba a gastar un dinero que no me sobraba en un disco que podría no gustarme. ¿La solución? Me bajaba la discografía completa de un cierto grupo. La escuchaba durante algunos meses y decidía si me gustaba o no. Y, si un grupo me gustaba y consideraba que realmente merecía la pena, entonces compraba sus discos, como ha ocurrido ahora con Sonata Arctica, Kamelot y Symphony X.
El problema es que quien dijo la frase que cito al comienzo de esta entrada defiende los derechos de una serie de grupos y cantantes que no saben lo que es el arte y la buena música. Entonces, cuando alguien se baja un disco de uno de esos “artistas”, lo que se encuentra es una pieza de mediana calidad y de cuyo elenco de canciones apenas se pueden aprovechar dos o tres. Evidentemente, esta persona no compra el disco. No porque ya se lo haya descargado sino, precisamente, porque lo ha escuchado y no le gusta. Es decir que, si se lo hubiera comprado antes de escucharlo, seguramente lo hubiera devuelto. Pero para estos individuos es mejor decir que sus defendidos no venden tantos discos como antes por culpa de Internet que aceptar la pura verdad: sus discos suelen ser bazofia (y, además, deben cambiar su modelo de negocio).
Es más, los que más están perdiendo con el tema de las descargas son los grandes grupos y cantantes. Esos que disfrutan de enormes mansiones y de unas cuentas corrientes bastante abultadas. Esos que no tienen, ni tendrán nunca, problemas para llegar a fin de mes. Y son los más perjudicados porque se ganan la vida vendiendo discos, en lugar de hacerlo con su música.
Los grupos más pequeños, son también más inteligentes, y saben que de donde se puede ganar dinero es de los conciertos. Por eso, muchos de ellos, te permiten desde sus propias páginas web oficiales que te descargues el disco, es más, te lo recomiendan. Porque saben que son buenos y que van a gustar y que, permitiendo a la gente acceder a su música, luego habrá más asistentes a sus conciertos.
De esta manera, se está (muy poco a poco) equilibrando la balanza: los multimillonarios de la industria, que ganan tantísimo dinero de los discos y tan poco de los conciertos están perdiendo dinero porque sus discos son malos y en concierto dan pena (sobre todo cuando les pillan haciendo playback). Mientras que los pequeños siguen vendiendo pocos discos (de los cuales, de todas formas, tan sólo percibían un 6% del precio final del álbum, con suerte) pero venden más entradas en sus conciertos.
Ante esta situación los grandes se quejan a sus protectores (la $GA€) quienes presionan al Gobierno para que tome cartas en el asunto. Así han conseguido, por ejemplo, que nos cobren un canon injusto en los CDs, DVDs, discos duros, reproductores mp3 y cualquier otro soporte susceptible de almacenar datos, por si nos da por guardar en ellos canciones de sus defendidos. Para justificar este incremento injusto del precio dicen lindezas como que “total, son unos pocos céntimos (en el caso de un CD o un DVD, claro)” o que “lo hacen por el bien de los derechos de autor, que deben ser defendidos y remunerados”. El hecho de que estén dando la vuelta a la tortilla y seas culpable hasta que se demuestre lo contrario no tiene importancia para ellos. De hecho, si vas a tu tienda con tus CDs y DVDs y demuestras que lo que has almacenado ahí es, por ejemplo, software que has programado tú mismo o las fotos de las vacaciones, te devuelven el dinero que has pagado por el canon de las narices. Manda huevos.
Los pequeños no se quejan (tampoco les iban a hacer caso) y no reciben un céntimo del dichoso canon que va directo a los grandes para que puedan seguir pagándose sus mansiones. Los derechos de autor se defienden y remuneran, pero sólo a partir de un cierto índice de beneficios. De hecho, en la democrática y sin ánimo de lucro $GA€, sólo tienen derecho a voto los más ricos y, encima, los votos de las discográficas valen más que los de los autores. “Democracia”, dicen.
Conclusión: descarga, compara y, cuando encuentres algo que te gusta, si puedes permitírtelo, cómpratelo y/o vete a sus conciertos.
Enlaces:
- Página oficial del eMule
- Página no oficial de la $GA€
- Página oficial de Kamelot
- Página oficial de Sonata Arctica
- Página oficial de Symphony X
- Algunos playbacks perpetrados por grupos conocidos recogidos en el blog de David Bravo
- Firma contra el canon
P.D.: Menudo pedazo de entradas que tengo por costumbre escribir… Y menuda paciencia debéis tener aquell@s que os las leéis enteras ;P

